lunes, 27 de diciembre de 2010

Hija

Era la primera vez que la pequeña veía una escena como esa, inocentemente y a la vez asombrada, con una enorme curiosidad que mostraba en su carita de niña buena.



-Mami, el Sol se está hundiendo. -Me dijo, volteándome a ver con preocupación y jalando mi blusa con una mano.



Reí para mis adentros, reí con una inmensa ternura, hacía tiempo que un sentimiento como ese había tocado mi corazón; un alma pura... justo a mi cuidado, y proveniente de mi ser también, un recuerdo de cuando alguna vez, quizá, también creí que el Sol se hundía. Mi niña me miraba extrañada, no comprendía por qué de pronto mi risa interna se convirtió en lágrimas, unas pequeñas gotas que tal vez para ella habrían significado que me encontraba triste, pero para mí, sólo era una manera de expresar lo que envolvía mi alma. Sentí una grata compasión en todo mi cuerpo.



-Mami, no llores, yo me encargaré de salvarlo. -Decía. -Mira, hay que decirle a ese señor que nos lleve en su barquito. -Insistía señalando un pequeño bote en la lejanía.



-No mi cielo, el Sol está bien, desde donde estamos parece que se está metiendo al agua, pero en realidad está atrás, muy lejos de aquí. -Intenté explicarle.



¿Entonces está atrás?, ¿Qué hay detrás del agua, mami? -Preguntó, de nuevo sorprendiéndome con su curiosidad.



-Pues están los planetas, las estrellas...



-Yo quiero ir allí. -Me dijo decidida.



No pude decir más, de nuevo aquel sentimiento me invadía. "Algún día llegarás allá, hija, tenlo por seguro" me pensé, pero justo en aquel momento, parecía que yo ya no estuviera pisando la tierra.



Cualquier cosa se puede imaginar, cualquier cosa puede ser amada, así que puedes amar lo imaginario, o imaginar el amor. Y qué puedo decir, fue una dulce experiencia, inigualable, el haber imaginado el amor de una hija que nunca existió.

martes, 21 de diciembre de 2010

Rosa Roja

Ilustración hecha por: José Adrián Montes Humarán.
Es una flor roja y hermosa,
parece llorarle a la luna,
¿O será el rocío del sereno

el que añade a su ser el destello? 

Es una rosa preciosa,
el verde danza en sus hojas,
las nubes le dejan caer
gotas de agua para beber.

Sus pétalos son tan blandos...
Su tallo es como su corazón:
resistente y espinado,
rebosante de pasión.

Es la flor más bella que el pasto presume,
las mariposas sueñan tenerla en posesión,
sin embargo el aroma contradice su misión:
la prestigiada flor las apresa en su perfume.

¡Ay! ¡¿Qué pasa de pronto?!
¡El viento juega como loco!
Golpea a mi indefensa florecita,
me hace romper en llanto, pobrecita.

¡¿Cómo pudo matarla?!
Si era tan linda,
yo la amaba,
la sentía parte de mi vida.

¡¿Y ahora qué pasará conmigo,
si tan solo soy un viejo árbol
que tan repentinamente ha perdido
su motivo para estar a salvo?!

¿Dónde estás pequeña florecita?
Tu cuerpecito está sembrado en la tierra
pero tus hojitas están marchitas.
El viento se ha robado tu esencia.

Vaya, qué triste estoy,
mi alma se parte en pedazos,
mi tronco perece a su son
con  mis sueños rezagados.

Óyeme, rosa roja,
tú fuiste siempre bonita,
resaltaste entre las margaritas,
me hechizaste en cada hoja.

Y yo sé, pequeña, que jamás me hablaste;
que aquella vez en que te tambaleaste,
no pensaste en mí, no me amaste.
Enamorado y solo, así me dejaste.

Lástima que yo no sobrevivo
sin esa luz que en tu espíritu se hallaba,
sin esa magia que a diario me iluminaba.
Sin tu fragancia ya no suspiro.

Tu intenso color se ha alejado,
mis peores temores se han realizado.
Tú no sabes, florecita,
lo que tu partida me ha atormentado.

Pero... ¿sabes algo?,
yo aún no me he marchado,
y a pesar de mi edad,
aún me restan algunos años.

Yo estaré aquí, rosa roja,
esperando que en el mismo suelo
donde yace tu recuerdo
aparezca el señor de los cielos.

Que me lleve a ese reino
donde te conservas orgullosa
y pueda verte siempre,
mi pequeña rosa roja.