Casualmente hoy te volví a mirar
y nuevamente me quedé sorprendida,
¿cómo es que había podido olvidar
tanta belleza en un ser comprimida?
El impacto me tomó por sorpresa,
una vez más, de tu esencia era presa.
Se me iba el aire del pecho,
se me congelaba el tiempo.
De tus ojos anhelaba
tan sólo una mirada:
¡quería sentirme viva!,
¡quería sentirme amada!
Y que tus labios me besaran,
y que tus manos me tocaran.
Que tus caricias me aliviaran,
¡que tus brazos me atraparan!
No podía dejar de verte
sin pensar en la suerte
que tendría quien te tuviera
amándole solamente a ella.
Quizá esa yo nunca lo sería,
pero una cosa era cierta:
Después de volverte a ver,
otra vez, jamás te olvidaría.