Tú eres mi hermosa princesa de cuentos de hadas,
es por naturaleza bendita tu cara.
Tú sabes mi nena que eres muy amada,
tú me complementas, sin ti no soy nada.
Amor de mi vida, odio esta despedida;
no quiero mi niña dejarte herida.
Escúchame linda, sin ti no podría,
tú eres la alegría de todos mis días.
Por favor te lo ruego, conquista mi cielo,
no dejes tu reino, no extingas el fuego.
Vuelve a mí corazón, regresa mi amor,
que estoy por perder la razón.
Quisiera por última vez escucharte reír,
sólo así yo podría tranquilo vivir.
Criaturita preciosa, sólo algo te quiero pedir,
por favor vida mía, promete que serás feliz.
viernes, 27 de agosto de 2010
jueves, 26 de agosto de 2010
La oscuridad de la noche
Estaba sola en la oscuridad, acurrucada en la esquina del cuarto, las cortinas dejaban pasar apenas una franja de la blanca luz de la luna. Posaba mi mirada en ese reflejo sobre el piso, mientras absorta en mis pensamientos ignoraba mis sentidos.
Era una noche de tristeza, y por más que quisiera, no podía, no había forma de cambiarla; y a pesar de que todos estuviesen en casa, me sentía gravemente desolada. Sabía que mi corazón lloraba, pero desconocía la causa; sencillamente aquellos sentimientos me atravesaban tan fácil y elocuentemente. Y la lluvia se hacía notar rociando sus gotas sobre mi ventana, indecisa de mostrarse absoluta y poderosa, como suele serlo; mas parecía que ya éramos dos en la misma situación. Pero en pocos segundos ésta decidió actuar primero, evadiendo de mi mente la imaginación y haciéndome recordar el entumecimiento de mi cuerpo, que había estado posado en la misma posición durante bastantes minutos.
Pasé de pensarlo todo a no pensar en nada, mientras dejaba que la hipnotizadora lluvia me mantuviese en blanco, mirándole y relajándome en la oscuridad. La noche comenzaba a parecerme tranquilizadora, su ausencia de luz combinaba perfectamente con mis penas. no tenía que mostrarle mi rostro, jamás me vería; era la única capaz de hacerme sentir dichosa de ser la víctima del desconsuelo.
Pasé la mitad de esa noche en vela, y el resto de ella dormí como nunca. Y al despertar el siguiente día por la mañana, el sol me mandó a recoger el alma que había olvidado en la oscuridad.
Era una noche de tristeza, y por más que quisiera, no podía, no había forma de cambiarla; y a pesar de que todos estuviesen en casa, me sentía gravemente desolada. Sabía que mi corazón lloraba, pero desconocía la causa; sencillamente aquellos sentimientos me atravesaban tan fácil y elocuentemente. Y la lluvia se hacía notar rociando sus gotas sobre mi ventana, indecisa de mostrarse absoluta y poderosa, como suele serlo; mas parecía que ya éramos dos en la misma situación. Pero en pocos segundos ésta decidió actuar primero, evadiendo de mi mente la imaginación y haciéndome recordar el entumecimiento de mi cuerpo, que había estado posado en la misma posición durante bastantes minutos.
Pasé de pensarlo todo a no pensar en nada, mientras dejaba que la hipnotizadora lluvia me mantuviese en blanco, mirándole y relajándome en la oscuridad. La noche comenzaba a parecerme tranquilizadora, su ausencia de luz combinaba perfectamente con mis penas. no tenía que mostrarle mi rostro, jamás me vería; era la única capaz de hacerme sentir dichosa de ser la víctima del desconsuelo.
Pasé la mitad de esa noche en vela, y el resto de ella dormí como nunca. Y al despertar el siguiente día por la mañana, el sol me mandó a recoger el alma que había olvidado en la oscuridad.
lunes, 23 de agosto de 2010
Hechicera
Me despierto pensando
que hoy es el día de la solución;
escojo mi ropa, violeta,
ideal para la ocasión.
Me reúno con la chica,
haremos una alianza,
al que nos ha engañado
cobraremos venganza.
El tiempo transcurre hasta
la hora del show, estamos listas,
le mostraremos lo que somos
ahora, estando a su vista.
Y el hombre busca una
excusa, poco realista,
sus palabras de verdad
no tienen una pizca.
Resulta que soy hechicera,
le puse una maldición
y mi padre es un monje
de una fuerte asociación.
Y no entiendo yo cuál es mi papel,
ahora soy fantasiosa,
soy bruja, un ángel
o quizá una mujer mentirosa.
Me retiro indignada de la habitación,
espero a un amigo en la acera;
viene a salvarme de absurda acusación:
por supuesto no soy hechicera.
Justo es el tiempo de irse,
no pienso quedarme más,
pregunto a mi compañera:
¿Realmente lo escucharás?
Me quedo en shock por su respuesta,
parece que está dispuesta;
o es que el amor la tiene ciega,
o es que tiene una mente siniestra.
No puedo hacer mas
que ofrecerme a esperar,
y en cuanto salga
nos iremos a cenar.
Ha pasado bastante
tiempo, me preocupa;
toco la puerta de
nuevo, no me asusta....
Me dice que todo está bien,
que me puedo marchar,
parece que un rato más
hablando se quedará.
Confiamos en ella,
sabemos que no le creerá,
partimos entonces,
en la noche me contactará.
Y así caminamos mi amigo y yo,
cuestionándonos desde el corazón:
¿Qué habrá pasado?
¿Habremos supuesto sin razón?
Llegó la noche y al parecer me informan,
ella no volverá a hablarnos nunca más.
Jamás supe por qué la perdí, no lo entiendo
¿Qué le habrá dicho aquél malvado sujeto?
Al fin y al cabo yo quería ayudar,
pero parece que del mundo
nada bueno puedes esperar,
pues todo es finalmente absurdo.
que hoy es el día de la solución;
escojo mi ropa, violeta,
ideal para la ocasión.
Me reúno con la chica,
haremos una alianza,
al que nos ha engañado
cobraremos venganza.
El tiempo transcurre hasta
la hora del show, estamos listas,
le mostraremos lo que somos
ahora, estando a su vista.
Y el hombre busca una
excusa, poco realista,
sus palabras de verdad
no tienen una pizca.
Resulta que soy hechicera,
le puse una maldición
y mi padre es un monje
de una fuerte asociación.
Y no entiendo yo cuál es mi papel,
ahora soy fantasiosa,
soy bruja, un ángel
o quizá una mujer mentirosa.
Me retiro indignada de la habitación,
espero a un amigo en la acera;
viene a salvarme de absurda acusación:
por supuesto no soy hechicera.
Justo es el tiempo de irse,
no pienso quedarme más,
pregunto a mi compañera:
¿Realmente lo escucharás?
Me quedo en shock por su respuesta,
parece que está dispuesta;
o es que el amor la tiene ciega,
o es que tiene una mente siniestra.
No puedo hacer mas
que ofrecerme a esperar,
y en cuanto salga
nos iremos a cenar.
Ha pasado bastante
tiempo, me preocupa;
toco la puerta de
nuevo, no me asusta....
Me dice que todo está bien,
que me puedo marchar,
parece que un rato más
hablando se quedará.
Confiamos en ella,
sabemos que no le creerá,
partimos entonces,
en la noche me contactará.
Y así caminamos mi amigo y yo,
cuestionándonos desde el corazón:
¿Qué habrá pasado?
¿Habremos supuesto sin razón?
Llegó la noche y al parecer me informan,
ella no volverá a hablarnos nunca más.
Jamás supe por qué la perdí, no lo entiendo
¿Qué le habrá dicho aquél malvado sujeto?
Al fin y al cabo yo quería ayudar,
pero parece que del mundo
nada bueno puedes esperar,
pues todo es finalmente absurdo.
miércoles, 18 de agosto de 2010
El Cuento Azul
Recién abría los ojos cuando vi ese enorme muro azul, me pareció tan extraño, examiné visualmente la habitación; persianas azules, un buró y un guardarropa del mismo color, todo a mi alrededor era misteriosamente azul.
Aunque era una situación inusual, el inmenso cansancio que cargaba no me permitió preocuparme. Ignorando el llamativo color aparté la colcha de mi cuerpo y me deslicé hasta el borde de la cama, inhalé profundamente y estiré mis brazos adormecidos; inconscientemente me disponía a tallarme los ojos con la esperanza de despejarme un poco, cuando en un segundo mi estado de semidormida cambió totalmente a un estado de intriga y suspenso. Al aproximar mis manos hacia mis ojos me llevé la sorpresa de ver que no solo éstas, sino todo el resto de mi cuerpo se había vuelto azul.
Desesperadamente corrí al espejo, irónicamente, el único objeto en todo el cuarto que no era azul. En tan solo tres apresurados pasos ya estaba frente a éste. No puedo describir lo que sentí al ver todo lo que el espejo reflejaba de color natural. Estaba en la prisión azul, en otra dimensión o incluso quizá del otro lado del espejo. ¡¿Qué más podía pensar?! Físicamente todo era azul, ¡incluso yo!, pero en el espejo todo se veía normal. ¿Qué estaba ocurriendo?
No podía ser verdad, no cabía en mi mente por qué clase de fenómeno había podido ocurrir tal espectáculo. Me recargué en la puerta (azul también) a pesar de tener la cama desocupada, simplemente no pensaba en nada, estaba frustrada, atrapada en un lugar desconocido.
Tenía miedo de girar la perilla, no sabía qué habría detrás de la puerta, me aterrorizaba averiguarlo, no podría soportar ver más del mismo color, o cualquier otro color, simplemente no quería verlo todo con un solo tinte.
Pasaron varias interminables horas y el color me estaba sacando de quicio, tenía la cabeza revuelta, me puse de pie y me propuse mirar de nuevo al espejo. Tenía que tomar fuerzas, pues no solo no había más colores, tampoco había comida ni nada de beber. Lo miré, miré mi añorado mundo, lo quería de vuelta, tenía que salir de ahí a como diera lugar, no importaba si todo era de un solo color afuera también, cualquier cosa sería mejor que seguir viendo lo mismo.
Así que me preparé mentalmente por un breve momento, respiré hondo, tomé la manija y...
"Oh vaya, no puedo creerlo, está cerrado". De haberlo sabido antes... de haberlo sabido antes me habría resignado a esperar el día de mi muerte. Estoy decepcionada, desalentada, una capa de lágrimas cubre mi retina y mi garganta se contrae, no quiero llorar pero es que, no tengo idea de cómo llegué aquí, mucho menos pienso que haya alguna esperanza de salir.
Y aunque trataba de evitarlo, terminé rindiéndome ante mi inevitable deseo de llorar, me lancé a la cama boca abajo hundiendo mi cara en la almohada. Lloré y lloré el resto del día hasta que oscureció. Comenzaba a odiar ese color, la noche le daba un efecto más sombrío y dramático, veía en el color sentimientos de soledad, tristeza, rechazo... y todos ellos me invadían el corazón también.
Eso me dio una idea, un impulso me sacudió el ánimo y formó en mi rostro una sonrisa malévola. Mi mente se había hecho perversa por la locura, y lo que estaba a punto de hacer era igualmente loco y perverso.
Me levanté de un salto y corrí hacia el buró, abrí los cajones bruscamente y desacomodé las cosas azules que había dentro tratando de encontrar lo que buscaba. ¡Voila! Tomé las tijeras con la mano temblorosa, estaba convenciéndome de hacer una tontería, aunque seguramente sería la tontería más astuta que alguien podría haber hecho en mi lugar.
Tenía que ver algo que no fuera azul, no lo pensé más, puse el filo de las tijeras sobre mi muñeca, mi corazón estaba latiendo demasiado, sentía el rebote de su palpitar por todo mi cuerpo, la temperatura subió dentro de mi, expedía una ligera onda de calor debido a mis nervios, y a pesar de todo estaba tan ansiosa, no podía esperar a ver que el rojo corriera de mis venas. No le di más vueltas, encajé el metal dentro de mi piel y me abrí la vena.
Y todo el dolor del mundo del pecado se cayó sobre mí cuando la sangre azul salía por montones de mi muñeca. Irónicamente quería morirme. Ya no era yo, no sé dónde había quedado mi humanidad, no sé en qué me había convertido en ese instante del tiempo en que mi cerebro captó el color de mi sangre.
Por última vez fui al espejo, mis palabras y mis pensamientos se congelaron al ver la sangre roja brotando de mi muñeca en el reflejo de éste; me desgarré por dentro, experimenté un inalcanzable grado de locura, golpeé el espejo hasta romperlo, no me importaba el dolor de los cristales de vidrio encajándose en mis brazos, perdí la fuerza y, finalmente caí en los vidrios cubiertos de sangre roja flotando en mi charco de sangre azul.
Fin
Aunque era una situación inusual, el inmenso cansancio que cargaba no me permitió preocuparme. Ignorando el llamativo color aparté la colcha de mi cuerpo y me deslicé hasta el borde de la cama, inhalé profundamente y estiré mis brazos adormecidos; inconscientemente me disponía a tallarme los ojos con la esperanza de despejarme un poco, cuando en un segundo mi estado de semidormida cambió totalmente a un estado de intriga y suspenso. Al aproximar mis manos hacia mis ojos me llevé la sorpresa de ver que no solo éstas, sino todo el resto de mi cuerpo se había vuelto azul.
Desesperadamente corrí al espejo, irónicamente, el único objeto en todo el cuarto que no era azul. En tan solo tres apresurados pasos ya estaba frente a éste. No puedo describir lo que sentí al ver todo lo que el espejo reflejaba de color natural. Estaba en la prisión azul, en otra dimensión o incluso quizá del otro lado del espejo. ¡¿Qué más podía pensar?! Físicamente todo era azul, ¡incluso yo!, pero en el espejo todo se veía normal. ¿Qué estaba ocurriendo?
No podía ser verdad, no cabía en mi mente por qué clase de fenómeno había podido ocurrir tal espectáculo. Me recargué en la puerta (azul también) a pesar de tener la cama desocupada, simplemente no pensaba en nada, estaba frustrada, atrapada en un lugar desconocido.
Tenía miedo de girar la perilla, no sabía qué habría detrás de la puerta, me aterrorizaba averiguarlo, no podría soportar ver más del mismo color, o cualquier otro color, simplemente no quería verlo todo con un solo tinte.
Pasaron varias interminables horas y el color me estaba sacando de quicio, tenía la cabeza revuelta, me puse de pie y me propuse mirar de nuevo al espejo. Tenía que tomar fuerzas, pues no solo no había más colores, tampoco había comida ni nada de beber. Lo miré, miré mi añorado mundo, lo quería de vuelta, tenía que salir de ahí a como diera lugar, no importaba si todo era de un solo color afuera también, cualquier cosa sería mejor que seguir viendo lo mismo.
Así que me preparé mentalmente por un breve momento, respiré hondo, tomé la manija y...
"Oh vaya, no puedo creerlo, está cerrado". De haberlo sabido antes... de haberlo sabido antes me habría resignado a esperar el día de mi muerte. Estoy decepcionada, desalentada, una capa de lágrimas cubre mi retina y mi garganta se contrae, no quiero llorar pero es que, no tengo idea de cómo llegué aquí, mucho menos pienso que haya alguna esperanza de salir.
Y aunque trataba de evitarlo, terminé rindiéndome ante mi inevitable deseo de llorar, me lancé a la cama boca abajo hundiendo mi cara en la almohada. Lloré y lloré el resto del día hasta que oscureció. Comenzaba a odiar ese color, la noche le daba un efecto más sombrío y dramático, veía en el color sentimientos de soledad, tristeza, rechazo... y todos ellos me invadían el corazón también.
Eso me dio una idea, un impulso me sacudió el ánimo y formó en mi rostro una sonrisa malévola. Mi mente se había hecho perversa por la locura, y lo que estaba a punto de hacer era igualmente loco y perverso.
Me levanté de un salto y corrí hacia el buró, abrí los cajones bruscamente y desacomodé las cosas azules que había dentro tratando de encontrar lo que buscaba. ¡Voila! Tomé las tijeras con la mano temblorosa, estaba convenciéndome de hacer una tontería, aunque seguramente sería la tontería más astuta que alguien podría haber hecho en mi lugar.
Tenía que ver algo que no fuera azul, no lo pensé más, puse el filo de las tijeras sobre mi muñeca, mi corazón estaba latiendo demasiado, sentía el rebote de su palpitar por todo mi cuerpo, la temperatura subió dentro de mi, expedía una ligera onda de calor debido a mis nervios, y a pesar de todo estaba tan ansiosa, no podía esperar a ver que el rojo corriera de mis venas. No le di más vueltas, encajé el metal dentro de mi piel y me abrí la vena.
Y todo el dolor del mundo del pecado se cayó sobre mí cuando la sangre azul salía por montones de mi muñeca. Irónicamente quería morirme. Ya no era yo, no sé dónde había quedado mi humanidad, no sé en qué me había convertido en ese instante del tiempo en que mi cerebro captó el color de mi sangre.
Por última vez fui al espejo, mis palabras y mis pensamientos se congelaron al ver la sangre roja brotando de mi muñeca en el reflejo de éste; me desgarré por dentro, experimenté un inalcanzable grado de locura, golpeé el espejo hasta romperlo, no me importaba el dolor de los cristales de vidrio encajándose en mis brazos, perdí la fuerza y, finalmente caí en los vidrios cubiertos de sangre roja flotando en mi charco de sangre azul.
Fin
lunes, 16 de agosto de 2010
CARTA MISTERIOSA
Era un día hermoso, perfecto, diría yo, lo suficiente especial para ese momento que había estado esperando tan impaciente.
No entendía cómo me había dejado manipular por una simple carta, quizá un presentimiento o solo la simple curiosidad me habían llevado a obedecer las indicaciones de ésta. Era algo loco, por supuesto, pero mi instinto de aventurero jamás abandonaría una oportunidad de tal categoría.
La carta había aparecido dentro de mi maletín hacía media semana. No sabía cómo había llegado ahí, pero tuve el impulso de abrirla inmediatamente:
Hola, muchas felicidades, ha sido usted selecto uno en un millón para llevarse la sorpresa más grande de su vida. Esté consiente de que no se le volverá a presentar una oportunidad como ésta en mucho tiempo. ¿Le teme usted al juego del destino? Si no es así, está usted invitado al café central a las 6:00pm el viernes 27 del mes correspondiente. Tome asiento en la séptima mesa junto a la enorme ventana, uno de nuestros representantes se encontrará con usted en ese lugar. Tenga por seguro que su vida cambiará radicalmente si usted acepta esta invitación. No deje pasar una oportunidad como ésta. Parte de la sorpresa podrá encontrarla en el resto de la carta, por eso le suplicamos no abrir la hoja anexa hasta el momento de la fecha acordada, ése será su pase para recibir el gran premio que le ha estado esperando.
Tenga buen día,
hasta entonces.
No tenía idea de quién la había escrito, pero lo que era seguro es que esa persona tenía el talento nato de persuadir a la gente, hasta llegar al grado de haberme causado una curiosidad irremediable.
Desde ese día no he podido dormir, estoy impaciente, no puedo imaginar qué sorpresas me traerá el haber seguido al destino en su juego.
Y estoy aquí, sentado en el café del centro, en la última mesa que da con la ventana, a poco más de un par de minutos de la hora acordada.
Me he adelantado en pedir un café, después de todo, sea quien sea el representante del que hablaba la carta, seguramente lo entenderá; las ansias me matan y no puedo estar tranquilo sin tener un pequeño entretenimiento, una cuchara cafetera y una taza de café bastarán para calmar mis nervios.
La guapa mesera se dirigía a mi mesa con una taza bien decorada sobre una bandeja. Tomó la taza con sus delicadas manos y la asentó frente a mí, justo en ese momento la alarma de mi reloj se encendió, anunciando así las seis en punto. La hora en que, supuestamente, todo cambiaría, la misma hora en que, según la misteriosa carta, estando en el café justo en la última mesa al lado de la ventana mi vida cambiaría para siempre. Mi corazón se aceleró, volteé inmediatamente a la puerta, intrigado, desesperado, con un mal presentimiento que asechaba en todo mi ser.
Un amargo sabor empalagó mi boca, la sangre se escapó de mi cuerpo y un sudor frío recorría mi frente. La atmósfera se había tornado completamente opuesta, lo que hasta hace un momento había sido agradable tomaba en mi imaginación un aspecto siniestro.
Sinceramente aquél café de pronto daba un aire para morir.
Repentinamente sentí una fuerte presión en mi corazón, la respiración se volvía complicada, gotas de sangre comenzaron a brotar de mi pecho, estaba impactado, nadie parecía darse cuenta de lo que me estaba ocurriendo. Deseaba tanto pedir ayuda, pero me era imposible emitir palabra alguna. Sabía que era mi despedida, pero no tenía idea de cómo diablos me ocurría tal manifestación, estaba tan impresionado que me había olvidado completamente de la carta. Hasta que caí al suelo agonizante y la maldita carta salió del bolsillo de mi camisa. Era una ironía, el destino estaba mostrándome directamente al culpable, burlándose de mí, presumiendo su victoria sobre un humano ingenuo que lo había subestimado.
Naturalmente tomé el sobre y lo abrí de nuevo como pude, mi vista estaba nublosa, pero antes de morir quería saber la causa de mi muerte. Con mis manos temblorosas encontré al fin aquel papelito anexo que supuestamente me entregaría la última parte de la sorpresa, lo desdoblé apresuradamente y con poca exactitud:
Atte:
LA SANTA MUERTE
En ese momento el silencio se volvió el único ruido, el último latido de mi corazón estaba arrepentido de haber leído tal firma, miré la sala por última vez y vi esos ojos rojos mirándome sin expresión, perdí el control de todo mi cuerpo.
Fin
sábado, 14 de agosto de 2010
Venganza
Era un día nuevo, no sabía cómo empezar, no tenía la seguridad de ser ajeno a las sospechas, aunque no esperaba mucho de su parte. Tenía todo cubierto, lo había planeado con anterioridad y esperaba que todo saliera conforme al plan.
No pasó mucho tiempo cuando obtuve la primera interacción social; provenía de una mujer, que a simple vista parecía compartir mi estatura. Sus ojos claros, color miel, no dejaban de mirarme. Su cabello, al igual claro, expedía un aroma dulcemente agradable, por un momento juraría haber percibido un cambio en la tonalidad de su voz, en el momento en que ella pronunció las siguientes palabras:
-Hola, mucho gusto, soy Emily.
Sí, estaba seguro de que su voz se había tornado blanda y sensible.
-Mucho gusto Emily, mi nombre es Alex.-Correspondí.
Por su puesto que no era así, pero no podía revelarle mi verdadera identidad a una mujer desconocida.
-¿Qué tal?, ¿de dónde eres? -Insistió con mucha curiosidad.
Vengo de un lugar del que seguramente no tendrías idea, niña ingenua, en donde tú solo eres insignificante basura. ¡Oh!, si supieras... pero por supuesto que no te lo diré.
-Soy del extranjero, me mudé hace una semana. Por cierto, es muy bella tu ciudad... -Intenté sonar convincente, aunque parecía que no debía molestarme mucho pues era evidente que esta mujer creería cualquier cosa que le dijera.
-¿Ah que sí? Es precioso el lugar, ¿ya viste la playa? ¡Está increíble!... -Y siguió hablando y hablando de cosas que no me importaban.
Al fin sonó la campana que me libraría de este aburrimiento. Sin despedirme tomé mis cosas y me apresuré en busca del aula que me habían designado. Di unos cuantos pasos apresurados y giré en donde terminaba la segunda fila de casilleros, a fin de encontrarme con la secuencia de salones que comprendían al mío.
Y justo como esperaba, al mirar la lista estaba su nombre escrito, el nombre de aquella única persona por quien yo estaba aquí. Aquella persona que me tenía encerrado en este asqueroso cuerpo humano, cuánto odio le tenía.
Con un pie afuera y otro adentro del salón, me detuve a observar a mis compañeros, hasta que topé con esas piedras azuladas. Aquellos hipnotizantes ojos que me miraron la última vez que morí. Instantáneamente mi corazón palpitó como un rayo.
Aquella energía me atraía hacia sí, llegué al lugar donde ella platicaba entretenidamente con sus vecinas de asiento, hasta estar justo frente a frente. Y aún viéndola cara a cara, ella no se intimidó, aunque todos allí presentes lo hicieron.
-Hola, ¿cómo has estado?, hace mucho que no te veía, creí que te habías ido para siempre. -Dijo embriagantemente como era su voz.
Así es, ella tenía un actractivo inhumano, un cuerpo esculpido por los ángeles y un rostro confundible entre la porcelana. Sus rizos dorados y el rubor de sus mejillas completaban el juego. Realmente parecía una muñeca.
Pero era evidente que no caería en el mismo hechizo que me había enviado al infierno.
Estaba dispuesto y decidido a cobrar venganza, más no quería hacer una escena más grande de lo que ya era, simplemente no quería involucrar a nadie más.
La tomé del hombro, la miré a los ojos y le dije:
-Tenemos que hablar.
Y sus pupilas se dilataron mostrando asombro, y dejando ver el girasol dorado que les rodeaba.
El corazón se me partió y mis ojos rompieron en llanto. Aquellos ojos me hicieron recordar cuánto amor había podido darle a esa criatura, y naturalmente el llanto que me había originado la conmoción se transformó en un inimaginable odio.
Estaba siendo consumido por el dolor más grande del que nunca pude deshacerme. El mundo entero caía sobre mí.
La gente nos miraba clavada desde que había cruzado la puerta. Pero no pude contenerme.
La empujé a la mesa y me lancé a sus labios en un salvaje beso, obligándola a reclinarse sobre ella, sujeté sus brazos de modo que no pudiera zafarse, la besaba intensamente y mientras yo me hacía fuerte ella se debilitaba.
Me pareció que intentaban detenerme, y aún si hubiera sido así ya era demasiado tarde, me había robado la fuerza vital de aquél divino cuerpo que se había servido de mi alma.
Definitivamente había sido el monstruo más bello que había visto jamás.
Pero tenía que hacerle pagar las consecuencias de haber cambiado el alma que un hombre le había obsequiado bajo los hechizos de su encanto, por el equivalente a los años de vida y juventud carnal del que esa alma tenía derecho.
Y aunque me llevé su alma, yo tenía que regresar a donde pertenecía, pues la mía había cambiado de dueño desde hacía un siglo.
Y pronto me convertí en un cuervo y regresé más satisfecho que nunca a las profundidades del infierno.
Fin
No pasó mucho tiempo cuando obtuve la primera interacción social; provenía de una mujer, que a simple vista parecía compartir mi estatura. Sus ojos claros, color miel, no dejaban de mirarme. Su cabello, al igual claro, expedía un aroma dulcemente agradable, por un momento juraría haber percibido un cambio en la tonalidad de su voz, en el momento en que ella pronunció las siguientes palabras:
-Hola, mucho gusto, soy Emily.
Sí, estaba seguro de que su voz se había tornado blanda y sensible.
-Mucho gusto Emily, mi nombre es Alex.-Correspondí.
Por su puesto que no era así, pero no podía revelarle mi verdadera identidad a una mujer desconocida.
-¿Qué tal?, ¿de dónde eres? -Insistió con mucha curiosidad.
Vengo de un lugar del que seguramente no tendrías idea, niña ingenua, en donde tú solo eres insignificante basura. ¡Oh!, si supieras... pero por supuesto que no te lo diré.
-Soy del extranjero, me mudé hace una semana. Por cierto, es muy bella tu ciudad... -Intenté sonar convincente, aunque parecía que no debía molestarme mucho pues era evidente que esta mujer creería cualquier cosa que le dijera.
-¿Ah que sí? Es precioso el lugar, ¿ya viste la playa? ¡Está increíble!... -Y siguió hablando y hablando de cosas que no me importaban.
Al fin sonó la campana que me libraría de este aburrimiento. Sin despedirme tomé mis cosas y me apresuré en busca del aula que me habían designado. Di unos cuantos pasos apresurados y giré en donde terminaba la segunda fila de casilleros, a fin de encontrarme con la secuencia de salones que comprendían al mío.
Y justo como esperaba, al mirar la lista estaba su nombre escrito, el nombre de aquella única persona por quien yo estaba aquí. Aquella persona que me tenía encerrado en este asqueroso cuerpo humano, cuánto odio le tenía.
Con un pie afuera y otro adentro del salón, me detuve a observar a mis compañeros, hasta que topé con esas piedras azuladas. Aquellos hipnotizantes ojos que me miraron la última vez que morí. Instantáneamente mi corazón palpitó como un rayo.
Aquella energía me atraía hacia sí, llegué al lugar donde ella platicaba entretenidamente con sus vecinas de asiento, hasta estar justo frente a frente. Y aún viéndola cara a cara, ella no se intimidó, aunque todos allí presentes lo hicieron.
-Hola, ¿cómo has estado?, hace mucho que no te veía, creí que te habías ido para siempre. -Dijo embriagantemente como era su voz.
Así es, ella tenía un actractivo inhumano, un cuerpo esculpido por los ángeles y un rostro confundible entre la porcelana. Sus rizos dorados y el rubor de sus mejillas completaban el juego. Realmente parecía una muñeca.
Pero era evidente que no caería en el mismo hechizo que me había enviado al infierno.
Estaba dispuesto y decidido a cobrar venganza, más no quería hacer una escena más grande de lo que ya era, simplemente no quería involucrar a nadie más.
La tomé del hombro, la miré a los ojos y le dije:
-Tenemos que hablar.
Y sus pupilas se dilataron mostrando asombro, y dejando ver el girasol dorado que les rodeaba.
El corazón se me partió y mis ojos rompieron en llanto. Aquellos ojos me hicieron recordar cuánto amor había podido darle a esa criatura, y naturalmente el llanto que me había originado la conmoción se transformó en un inimaginable odio.
Estaba siendo consumido por el dolor más grande del que nunca pude deshacerme. El mundo entero caía sobre mí.
La gente nos miraba clavada desde que había cruzado la puerta. Pero no pude contenerme.
La empujé a la mesa y me lancé a sus labios en un salvaje beso, obligándola a reclinarse sobre ella, sujeté sus brazos de modo que no pudiera zafarse, la besaba intensamente y mientras yo me hacía fuerte ella se debilitaba.
Me pareció que intentaban detenerme, y aún si hubiera sido así ya era demasiado tarde, me había robado la fuerza vital de aquél divino cuerpo que se había servido de mi alma.
Definitivamente había sido el monstruo más bello que había visto jamás.
Pero tenía que hacerle pagar las consecuencias de haber cambiado el alma que un hombre le había obsequiado bajo los hechizos de su encanto, por el equivalente a los años de vida y juventud carnal del que esa alma tenía derecho.
Y aunque me llevé su alma, yo tenía que regresar a donde pertenecía, pues la mía había cambiado de dueño desde hacía un siglo.
Y pronto me convertí en un cuervo y regresé más satisfecho que nunca a las profundidades del infierno.
Fin
viernes, 13 de agosto de 2010
Vamos a Imaginar
¡Hey! amigo, vamos a imaginar,
déjame hablarte como a un niño,
verás que te vas a encantar.
Ven pequeño, adéntrate a ese bosque
y cuando estés tan cerca
dime qué es lo que oyes.
Recuéstate bajo la sombra de ese árbol,
permítele a tu cuerpo descansar,
cierra los ojos y enfócate en respirar,
¿puedes oler el aroma de las flores?
Muy bien pequeño, ahora olvida todo el malestar,
¡mira cuantos miles de colores!
Siente el pasto fresco bajo tu espalda
y cómo las gotas de la cascada
salpican suavemente tu cara...
Y mira cómo te hace relajar,
estás recostado sobre el tiempo,
sólo te falta sentir la brisa del viento.
Descansa pequeño, te lo mereces,
sé que ahora estás listo,
los límites del cuerpo vas traspasar.
El sonido es tan bello que te hace volar,
en todo el silencio sólo escuchas
a la naturaleza cantar.
Y sientes tanta vida que te es imposible
durar despierto un poco más,
apartarte de este sueño irresistible
de estar unido en armonía,
en la misma sintonía
que transmite la paz.
ahora que estás allá.
Tu corazón está calmado
pero estás mas vivo que nunca,
no te cuesta esfuerzo respirar,
sientes todos tus sentidos
relajados, satisfechos, bien dormidos,
no pareces ser humano ya.
No despiertes pequeño
hasta que a tu cuerpo no le quepa
ni un poquito más de paz.
Olvida todo el vicio, todo estrés,
ahora entiendes que
tú no necesitas sufrir más.
déjame hablarte como a un niño,
verás que te vas a encantar.
Ven pequeño, adéntrate a ese bosque
y cuando estés tan cerca
dime qué es lo que oyes.
Recuéstate bajo la sombra de ese árbol,
permítele a tu cuerpo descansar,
cierra los ojos y enfócate en respirar,
¿puedes oler el aroma de las flores?
Muy bien pequeño, ahora olvida todo el malestar,
¡mira cuantos miles de colores!
Siente el pasto fresco bajo tu espalda
y cómo las gotas de la cascada
salpican suavemente tu cara...
Y mira cómo te hace relajar,
estás recostado sobre el tiempo,
sólo te falta sentir la brisa del viento.
Descansa pequeño, te lo mereces,
sé que ahora estás listo,
los límites del cuerpo vas traspasar.
El sonido es tan bello que te hace volar,
en todo el silencio sólo escuchas
a la naturaleza cantar.
Y sientes tanta vida que te es imposible
durar despierto un poco más,
apartarte de este sueño irresistible
de estar unido en armonía,
en la misma sintonía
que transmite la paz.
Y te sientes tan ligero
que pareces flotar
dejando el cuerpo atrás.
Aléjate, camina por el cielo
y no vuelvas a bajarahora que estás allá.
Tu corazón está calmado
pero estás mas vivo que nunca,
no te cuesta esfuerzo respirar,
sientes todos tus sentidos
relajados, satisfechos, bien dormidos,
no pareces ser humano ya.
No despiertes pequeño
hasta que a tu cuerpo no le quepa
ni un poquito más de paz.
Olvida todo el vicio, todo estrés,
ahora entiendes que
tú no necesitas sufrir más.
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