lunes, 27 de diciembre de 2010

Hija

Era la primera vez que la pequeña veía una escena como esa, inocentemente y a la vez asombrada, con una enorme curiosidad que mostraba en su carita de niña buena.



-Mami, el Sol se está hundiendo. -Me dijo, volteándome a ver con preocupación y jalando mi blusa con una mano.



Reí para mis adentros, reí con una inmensa ternura, hacía tiempo que un sentimiento como ese había tocado mi corazón; un alma pura... justo a mi cuidado, y proveniente de mi ser también, un recuerdo de cuando alguna vez, quizá, también creí que el Sol se hundía. Mi niña me miraba extrañada, no comprendía por qué de pronto mi risa interna se convirtió en lágrimas, unas pequeñas gotas que tal vez para ella habrían significado que me encontraba triste, pero para mí, sólo era una manera de expresar lo que envolvía mi alma. Sentí una grata compasión en todo mi cuerpo.



-Mami, no llores, yo me encargaré de salvarlo. -Decía. -Mira, hay que decirle a ese señor que nos lleve en su barquito. -Insistía señalando un pequeño bote en la lejanía.



-No mi cielo, el Sol está bien, desde donde estamos parece que se está metiendo al agua, pero en realidad está atrás, muy lejos de aquí. -Intenté explicarle.



¿Entonces está atrás?, ¿Qué hay detrás del agua, mami? -Preguntó, de nuevo sorprendiéndome con su curiosidad.



-Pues están los planetas, las estrellas...



-Yo quiero ir allí. -Me dijo decidida.



No pude decir más, de nuevo aquel sentimiento me invadía. "Algún día llegarás allá, hija, tenlo por seguro" me pensé, pero justo en aquel momento, parecía que yo ya no estuviera pisando la tierra.



Cualquier cosa se puede imaginar, cualquier cosa puede ser amada, así que puedes amar lo imaginario, o imaginar el amor. Y qué puedo decir, fue una dulce experiencia, inigualable, el haber imaginado el amor de una hija que nunca existió.

martes, 21 de diciembre de 2010

Rosa Roja

Ilustración hecha por: José Adrián Montes Humarán.
Es una flor roja y hermosa,
parece llorarle a la luna,
¿O será el rocío del sereno

el que añade a su ser el destello? 

Es una rosa preciosa,
el verde danza en sus hojas,
las nubes le dejan caer
gotas de agua para beber.

Sus pétalos son tan blandos...
Su tallo es como su corazón:
resistente y espinado,
rebosante de pasión.

Es la flor más bella que el pasto presume,
las mariposas sueñan tenerla en posesión,
sin embargo el aroma contradice su misión:
la prestigiada flor las apresa en su perfume.

¡Ay! ¡¿Qué pasa de pronto?!
¡El viento juega como loco!
Golpea a mi indefensa florecita,
me hace romper en llanto, pobrecita.

¡¿Cómo pudo matarla?!
Si era tan linda,
yo la amaba,
la sentía parte de mi vida.

¡¿Y ahora qué pasará conmigo,
si tan solo soy un viejo árbol
que tan repentinamente ha perdido
su motivo para estar a salvo?!

¿Dónde estás pequeña florecita?
Tu cuerpecito está sembrado en la tierra
pero tus hojitas están marchitas.
El viento se ha robado tu esencia.

Vaya, qué triste estoy,
mi alma se parte en pedazos,
mi tronco perece a su son
con  mis sueños rezagados.

Óyeme, rosa roja,
tú fuiste siempre bonita,
resaltaste entre las margaritas,
me hechizaste en cada hoja.

Y yo sé, pequeña, que jamás me hablaste;
que aquella vez en que te tambaleaste,
no pensaste en mí, no me amaste.
Enamorado y solo, así me dejaste.

Lástima que yo no sobrevivo
sin esa luz que en tu espíritu se hallaba,
sin esa magia que a diario me iluminaba.
Sin tu fragancia ya no suspiro.

Tu intenso color se ha alejado,
mis peores temores se han realizado.
Tú no sabes, florecita,
lo que tu partida me ha atormentado.

Pero... ¿sabes algo?,
yo aún no me he marchado,
y a pesar de mi edad,
aún me restan algunos años.

Yo estaré aquí, rosa roja,
esperando que en el mismo suelo
donde yace tu recuerdo
aparezca el señor de los cielos.

Que me lleve a ese reino
donde te conservas orgullosa
y pueda verte siempre,
mi pequeña rosa roja.

martes, 2 de noviembre de 2010

GRITO DESESPERADO

Los corazones de la juventud que aún conserva algo de cultura se unen en un grito desesperado. Mi espíritu está ladrando salvajemente, se da cuenta cómo estamos destruyendo la belleza. Los cadáveres de personas inocentes que murieron por razones de esta calaña no son bellos. No me parece bello un hombre disparando a otro hombre. Los humanos nos destruiremos por nosotros mismos, sin siquiera ocupar de un desastre natural, pues nosotros ya somos uno: destruimos los valores morales, dejamos morir al arte, contaminamos el conocimiento.

Los vicios están cobrando deudas, ¿creían que era tan fácil tomarlo todo sin pagar nada? La culpa la tienen los corruptos, los mañosos, los crédulos, los infames, y los que no hacemos nada para deternerlo.

Quisiera, de todo corazón, formar un grupo que resguarde los recuerdos de lo que es la belleza humana; pero no lo haré. No lo haré porque quiero seguir viviendo. Pero invito a aquellos que sienten en su pecho una opresión que no los deja vivir en paz, estando consientes de la bochornosa situación que estamos sufriendo; de cómo estamos deshonrando el nombre de nuestra especie y mostramos la cara a la luz sin vergüenza. Los invito a ustedes, que todavía pueden llamarse humanos a sí mismos, a que me sigan en espíritu y en corazón. Conserven el sentido humanista que debiera existir en todos nosotros. No olviden la apreciación artística, y atrévanse a mirar a las aves elevándose a gran altura, sabiendo que están obrando bien.
No dejemos que se pierda lo más valioso que tenemos.

Con todo su amor e inmensa gratitud:

Lizy Posthuman Love

jueves, 21 de octubre de 2010

Suicidio


La lluvia le vendría bien a mis lágrimas,
pues aunque es inevitable que nazcan,
confío en que algunas gotas
podrían cuando menos disimularlas.

El sol ya no espera mi sonrisa,
se cansó de hacerlo
desde que mi afecto dejó de quererlo,
y es por eso que no brilla.

La naturaleza me ha vuelto una más de sus hojas,
ya no ve esa flor en mi ser,
y no ha vuelto a regarme
desde que mi corazón cambió de parecer.

El reflejo del agua se ve nauseabundo
cuando muestra mi imagen al atardecer,
me ha dicho que a través de sus cristales
ya no me permitirá ver.

Y la luna recarga la mirada en su desprecio,
no parece que perdone a un corazón tan desdichado;
me dice que no intente sobornarla,
que el consuelo de su amor no tiene precio.

Y yo vuelvo a ser un fantasma,
pálido como el color invisible,
sintiendo en el pecho
una sensación indescriptible.

La desgracia me persigue,
el futuro me cohíbe,
el pasado me reclama
y el presente claramente no me ama.

El mundo no tiene un lugar donde diga mi nombre;
ningún guijarro, ningún árbol, ningún hombre.
Me había borrado de su historia,
ahora me ve como una escoria.

Finalmente solo escucho en mi mente
un único consejo que me advierte:
"Si crees que algo te destruye,
no lo enfrentes, mejor huye".

sábado, 16 de octubre de 2010

Viajero sin rumbo

Caminaba sin equipaje y sin rumbo,
simplemente pensando en el mundo;
sin entornos ni rangos,
al camino tomándole el mando.

Ignoraba a la gente pasar,
me bastaba con imaginar
que nadie irrumpía mis pensamientos
en la marcha sin rumbo de mis lamentos.


Sólo había dudas 
bajo ese techo de estrellas,
y esa intensa luna 
exaltaba mis penas;


y mi corazón comenzaba 
a latir tan fuerte,
que, mucho más que vivir, 
deseaba la muerte.

Se desbordaba en mi llanto
un río de profunda tristeza,

cuando le escuché hablarme
con tanta sutileza.



Una voz dulce y tierna
despertaba en mi alma,

cantando espléndidamente,
devolviéndome la calma.


Cuánta magia venía tan de pronto,
abrazándome como un oso,
envolviendo en sus garras mi corazón,
rescatando a un hombre de su propio dolor.

Tomó mi vida y ahora sí que vivo,
y soy tan libre como un suspiro;
y es que gracias al ángel que me mató,
ahora puedo al mundo decirle adiós.

Y el hombre se desvaneció,
y con una sonrisa en su rostro,
se despidió de su más grande locura:
Del día en que se enamoró.

lunes, 11 de octubre de 2010

EL FINAL DE LOS ARTISTAS

Tenemos que sentir para ser poetas.
No podemos desistir a un atardecer incandescente, ni a una noche luminosa en la que las estrellas cantan sus destellos, pues la música del silencio es la más hermosa.
No podemos ignorar la existencia de lo invisible.
No podemos estar tranquilos esperando a que el tiempo exista.
La realidad fantasiosa es la que vivimos, y corremos de noche persiguiendo la luna, e intentando de día alcanzar el arcoíris.
Y es inevitable que gocemos del infinito sueño del que surgimos, preguntándonos si la mente bastaría para capturar una escena del mundo.
Y no descansaremos hasta el día en que el paraíso sea escrito a lápiz y papel, y la melodía del cielo sea tocada por acordes de instrumentos musicales, cuando la unión del universo sea por fin plasmada en un dibujo; sólo entonces, los artistas moriremos.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Mi querido pueblo.

Hola, mis queridos amigos, quisiera poder decirles: "Tengan ustedes un buen día". Pero no me es concebible, no son buenos días, ya no lo son, eso se acabó hace algún tiempo.

No creo volver a sonreír después de lo que sucedió; no es posible que haya perdido a tanta gente, no lo asemejo, aún no puedo aceptarlo.

Por culpa del gobierno perdí a mis niños, a mi esposa que tanto amaba y a todos mis amigos, y nadie se apiadó de ellos; la obsesión por crecer terminó destruyendo lo más importante, un hombre no debería intentar crear algo a base de destruir lo que ya está hecho.

Lo perdí todo, ya no me queda nada, adiós a mi pueblo, a mis tradiciones y a mi familia, todo se lo ha llevado el agua.

Estoy triste... triste de ver estos árboles destruidos, triste de recordar la mirada de nostalgia que mostraban los ojos estancados en lágrimas de mi querida vecina, mientras hincada en el suelo oraba a Dios implorando la salvación, tomando la mano de su amado esposo.

Las tardes... ya no son bellas, sólo está el agua cubriéndolo todo, las casas, los cadáveres... la vida humana desertó este terreno, la presa se llevó consigo lo más valioso que teníamos.

Pasaban los días, el gobierno intentaba convencernos de que sería lo mejor, una presa fue construida en nuestro hogar en contra de nuestra voluntad, yo no me marché. Nos ofrecieron la oportunidad de trasladarnos a otro lugar no muy lejos de ahí, pero creo que todos cargábamos con el mismo sentimiento. ¿Sabes lo que significa para un hombre abandonar la tierra en donde construyó todo lo que amó en la vida? En este pueblo nacieron mis hijos, en este pueblo conocí a mi esposa, en este pueblo el recuerdo de mis padres yace dentro de una tumba, en este pueblo... toda mi gloria velaba por mí.

Prometí que jamás dejaría mi tierra, sin importar lo que pasara, así que ignoré las estremecedoras palabras de la autoridad diciéndome que abandonara lo que soy, a lo que pertenezco. Yo... no puedo abandonar a mi pueblo, no lo he hecho y no lo haré jamás, nigún trueno ni niguna tormenta acabarán con mis sueños, ni siquiera una presa en riesgo de desbordarse lo hará. "Yo creeré firmemente en mis ideales, nadie podrá robarme lo que me pertenece"; pensé, pero la irreverente decisión del destino me arrancó las palabras de la boca.

Día a día el agua ascendía, ahora las plantas de los pies de los niños descalzos, chapoteando felizmente sobre el suelo empapado, eran la fuente del más grande remordimiento que pude haber tenido en toda mi vida, pues significaba que poco a poco no serían solamente los pies lo que el agua rebasaría. Tenía miedo, no quería imaginarlos a ellos llorando por tener que irse; lo que el gobierno no entendía era que el valor de las casas para nosotros era algo más que económico, algo que no se puede reemplazar con unos cuantos billetes, ¡era toda una vida!

Pero al final, tuvo que pasar, éramos aún bastantes los que seguíamos viviendo en el pueblo cuando sucedió, ahora me es inevitable pensar que en la vida la injusticia predomina. La presa se derribó, la gente corría con la esperanza de ser lo suficientemente rápida para escapar. Sobre un tronco me aferré con todas mis fuerzas, mientras el llanto nublaba mi vista, y los estruendosos latidos de desesperación destruían todo mi interior; no pude contener el inmenso dolor al ver a mi hijo soltarse de la pequeña tabla que lo mantenía a flote, el ardor en mi pecho se extendió por todo mi cuerpo, nunca nada volvería a ser lo mismo después de mirar todo lo que amaba destruirse en pedazos. El dolor acabó con mis ganas de sobrevivir, ya no tenía nada, no quería seguir, se terminaron mis fuerzas y mi coraje, y una fuerte ola me derribó del tronco que me sostenía; el agua me atrapó impidiéndome respirar y, después de un par de minutos, por fin, me di cuenta de que había muerto.

Las sonrisas de los niños desaparecieron junto con ellos, la presa les costó unos cuantos dólares, quizá algunas demandas, pero a nosotros nos costó la vida entera.

Y heme aquí, parado en el mismo lugar donde mi cuerpo se desvaneció, contemplando con mis nuevos ojos lo que alguna vez lo fue todo para mí; y quizá me haga el error de suponer que algún día volverá a mí lo que en un tiempo me perteneció, pero, por ahora, no me arrepiento de no haber dejado mi tesoro más valioso, por que hoy, tengo el valor de decir que nadie logró vencerme.

Les habla el alma de una persona que ha vuelto y volverá a renacer, ahora en el cuerpo de un árbol.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Soy Feliz

Y es que soy tan feliz
que no puedo entender
de dónde la tristeza vino.


Y es que estoy tan feliz
que no logro comprender

cuándo perdí el camino.

Y es que soy tan feliz
que ahora puedo ver
lo que siempre imagino.


Y es que estoy tan llena de colores,
de dulces y sabores,
que me siento un arreglo de flores.


Y es que ahora soy tan feliz
que no puedo ver el gris
que envenena corazones.


Y es que en serio soy feliz
que no tengo explicaciones,
ahora vivo de emociones.


Y es que soy tan feliz
que hoy encuentro en mi veliz
un millón de sensaciones.


Y es que estoy tan feliz
y es perfecto ese matiz,
que oculta todos mis dolores.


Y es que son esas canciones
que desatan mis pasiones
las que escucho por montones.


Y es que soy tan feliz
que quisiera sonreírle
a la vida antes de irme.


Y es que este mi gran consuelo
es que la vida nunca olvide

los recuerdos de mis sueños.

Pues simplemente a mí
nada me hace más feliz,
eso es todo lo que quiero.

viernes, 27 de agosto de 2010

Mi princesa

Tú eres mi hermosa princesa de cuentos de hadas,
es por naturaleza bendita tu cara.

Tú sabes mi nena que eres muy amada,
tú me complementas, sin ti no soy nada.

Amor de mi vida, odio esta despedida;
no quiero mi niña dejarte herida.

Escúchame linda, sin ti no podría,
tú eres la alegría de todos mis días.

Por favor te lo ruego, conquista mi cielo,
no dejes tu reino, no extingas el fuego.

Vuelve a mí corazón, regresa mi amor,
que estoy por perder la razón.

Quisiera por última vez escucharte reír,
sólo así yo podría tranquilo vivir.

Criaturita preciosa, sólo algo te quiero pedir,
por favor vida mía, promete que serás feliz.

jueves, 26 de agosto de 2010

La oscuridad de la noche

Estaba sola en la oscuridad, acurrucada en la esquina del cuarto, las cortinas dejaban pasar apenas una franja de la blanca luz de la luna. Posaba mi mirada en ese reflejo sobre el piso, mientras absorta en mis pensamientos ignoraba mis sentidos.

Era una noche de tristeza, y por más que quisiera, no podía, no había forma de cambiarla; y a pesar de que todos estuviesen en casa, me sentía gravemente desolada. Sabía que mi corazón lloraba, pero desconocía la causa; sencillamente aquellos sentimientos me atravesaban tan fácil y elocuentemente. Y la lluvia se hacía notar rociando sus gotas sobre mi ventana, indecisa de mostrarse absoluta y poderosa, como suele serlo; mas parecía que ya éramos dos en la misma situación. Pero en pocos segundos ésta decidió actuar primero, evadiendo de mi mente la imaginación y haciéndome recordar el entumecimiento de mi cuerpo, que había estado posado en la misma posición durante bastantes minutos.

Pasé de pensarlo todo a no pensar en nada, mientras dejaba que la hipnotizadora lluvia me mantuviese en blanco, mirándole y relajándome en la oscuridad. La noche comenzaba a parecerme tranquilizadora, su ausencia de luz combinaba perfectamente con mis penas. no tenía que mostrarle mi rostro, jamás me vería; era la única capaz de hacerme sentir dichosa de ser la víctima del desconsuelo.

Pasé la mitad de esa noche en vela, y el resto de ella dormí como nunca. Y al despertar el siguiente día por la mañana, el sol me mandó a recoger el alma que había olvidado en la oscuridad.

lunes, 23 de agosto de 2010

Hechicera

Me despierto pensando
que hoy es el día de la solución;

escojo mi ropa, violeta,
ideal para la ocasión.


Me reúno con la chica,
haremos una alianza,
al que nos ha engañado

cobraremos venganza.

El tiempo transcurre hasta
la hora del show, estamos listas,
le mostraremos lo que somos

ahora, estando a su vista.

Y el hombre busca una
excusa, poco realista,
sus palabras de verdad
no tienen una pizca.


Resulta que soy hechicera,
le puse una maldición
y mi padre es un monje
de una fuerte asociación.


Y no entiendo yo cuál es mi papel,
ahora soy fantasiosa,
soy bruja, un ángel
o quizá una mujer mentirosa.


Me retiro indignada de la habitación,
espero a un amigo en la acera;
viene a salvarme de absurda acusación:
por supuesto no soy hechicera.


Justo es el tiempo de irse,
no pienso quedarme más,
pregunto a mi compañera:
¿Realmente lo escucharás?


Me quedo en shock por su respuesta,
parece que está dispuesta;
o es que el amor la tiene ciega,
o es que tiene una mente siniestra.


No puedo hacer mas
que ofrecerme a esperar,
y en cuanto salga
nos iremos a cenar.


Ha pasado bastante
tiempo, me preocupa;
toco la puerta de
nuevo, no me asusta...
.

Me dice que todo está bien,
que me puedo marchar,
parece que un rato más

hablando se quedará.

Confiamos en ella,
sabemos que no le creerá,
partimos entonces, 

en la noche me contactará.

Y así caminamos mi amigo y yo,
cuestionándonos desde el corazón:
¿Qué habrá pasado?
¿Habremos supuesto sin razón? 


Llegó la noche y al parecer me informan,
ella no volverá a hablarnos nunca más.

Jamás supe por qué la perdí, no lo entiendo 
¿Qué le habrá dicho aquél malvado sujeto?

Al fin y al cabo yo quería ayudar,
pero parece que del mundo
nada bueno puedes esperar,
pues todo es finalmente absurdo.

miércoles, 18 de agosto de 2010

El Cuento Azul

Recién abría los ojos cuando vi ese enorme muro azul, me pareció tan extraño, examiné visualmente la habitación; persianas azules, un buró y un guardarropa del mismo color, todo a mi alrededor era misteriosamente azul.



Aunque era una situación inusual, el inmenso cansancio que cargaba no me permitió preocuparme. Ignorando el llamativo color aparté la colcha de mi cuerpo y me deslicé hasta el borde de la cama, inhalé profundamente y estiré mis brazos adormecidos; inconscientemente me disponía a tallarme los ojos con la esperanza de despejarme un poco, cuando en un segundo mi estado de semidormida cambió totalmente a un estado de intriga y suspenso. Al aproximar mis manos hacia mis ojos me llevé la sorpresa de ver que no solo éstas, sino todo el resto de mi cuerpo se había vuelto azul.



Desesperadamente corrí al espejo, irónicamente, el único objeto en todo el cuarto que no era azul. En tan solo tres apresurados pasos ya estaba frente a éste. No puedo describir lo que sentí al ver todo lo que el espejo reflejaba de color natural. Estaba en la prisión azul, en otra dimensión o incluso quizá del otro lado del espejo. ¡¿Qué más podía pensar?! Físicamente todo era azul, ¡incluso yo!, pero en el espejo todo se veía normal. ¿Qué estaba ocurriendo?

No podía ser verdad, no cabía en mi mente por qué clase de fenómeno había podido ocurrir tal espectáculo. Me recargué en la puerta (azul también) a pesar de tener la cama desocupada, simplemente no pensaba en nada, estaba frustrada, atrapada en un lugar desconocido.



Tenía miedo de girar la perilla, no sabía qué habría detrás de la puerta, me aterrorizaba averiguarlo, no podría soportar ver más del mismo color, o cualquier otro color, simplemente no quería verlo todo con un solo tinte.



Pasaron varias interminables horas y el color me estaba sacando de quicio, tenía la cabeza revuelta, me puse de pie y me propuse mirar de nuevo al espejo. Tenía que tomar fuerzas, pues no solo no había más colores, tampoco había comida ni nada de beber. Lo miré, miré mi añorado mundo, lo quería de vuelta, tenía que salir de ahí a como diera lugar, no importaba si todo era de un solo color afuera también, cualquier cosa sería mejor que seguir viendo lo mismo.



Así que me preparé mentalmente por un breve momento, respiré hondo, tomé la manija y...

"Oh vaya, no puedo creerlo, está cerrado". De haberlo sabido antes... de haberlo sabido antes me habría resignado a esperar el día de mi muerte. Estoy decepcionada, desalentada, una capa de lágrimas cubre mi retina y mi garganta se contrae, no quiero llorar pero es que, no tengo idea de cómo llegué aquí, mucho menos pienso que haya alguna esperanza de salir.



Y aunque trataba de evitarlo, terminé rindiéndome ante mi inevitable deseo de llorar, me lancé a la cama boca abajo hundiendo mi cara en la almohada. Lloré y lloré el resto del día hasta que oscureció. Comenzaba a odiar ese color, la noche le daba un efecto más sombrío y dramático, veía en el color sentimientos de soledad, tristeza, rechazo... y todos ellos me invadían el corazón también.



Eso me dio una idea, un impulso me sacudió el ánimo y formó en mi rostro una sonrisa malévola. Mi mente se había hecho perversa por la locura, y lo que estaba a punto de hacer era igualmente loco y perverso.



Me levanté de un salto y corrí hacia el buró, abrí los cajones bruscamente y desacomodé las cosas azules que había dentro tratando de encontrar lo que buscaba. ¡Voila! Tomé las tijeras con la mano temblorosa, estaba convenciéndome de hacer una tontería, aunque seguramente sería la tontería más astuta que alguien podría haber hecho en mi lugar.



Tenía que ver algo que no fuera azul, no lo pensé más, puse el filo de las tijeras sobre mi muñeca, mi corazón estaba latiendo demasiado, sentía el rebote de su palpitar por todo mi cuerpo, la temperatura subió dentro de mi, expedía una ligera onda de calor debido a mis nervios, y a pesar de todo estaba tan ansiosa, no podía esperar a ver que el rojo corriera de mis venas. No le di más vueltas, encajé el metal dentro de mi piel y me abrí la vena.



Y todo el dolor del mundo del pecado se cayó sobre mí cuando la sangre azul salía por montones de mi muñeca. Irónicamente quería morirme. Ya no era yo, no sé dónde había quedado mi humanidad, no sé en qué me había convertido en ese instante del tiempo en que mi cerebro captó el color de mi sangre.



Por última vez fui al espejo, mis palabras y mis pensamientos se congelaron al ver la sangre roja brotando de mi muñeca en el reflejo de éste; me desgarré por dentro, experimenté un inalcanzable grado de locura, golpeé el espejo hasta romperlo, no me importaba el dolor de los cristales de vidrio encajándose en mis brazos, perdí la fuerza y, finalmente caí en los vidrios cubiertos de sangre roja flotando en mi charco de sangre azul.



Fin

lunes, 16 de agosto de 2010

CARTA MISTERIOSA

Era un día hermoso, perfecto, diría yo, lo suficiente especial para ese momento que había estado esperando tan impaciente.

No entendía cómo me había dejado manipular por una simple carta, quizá un presentimiento o solo la simple curiosidad me habían llevado a obedecer las indicaciones de ésta. Era algo loco, por supuesto, pero mi instinto de aventurero jamás abandonaría una oportunidad de tal categoría.

La carta había aparecido dentro de mi maletín hacía media semana. No sabía cómo había llegado ahí, pero tuve el impulso de abrirla inmediatamente:


Hola, muchas felicidades, ha sido usted selecto uno en un millón para llevarse la sorpresa más grande de su vida. Esté consiente de que no se le volverá a presentar una oportunidad como ésta en mucho tiempo. ¿Le teme usted al juego del destino? Si no es así, está usted invitado al café central a las 6:00pm el viernes 27 del mes correspondiente. Tome asiento en la séptima mesa junto a la enorme ventana, uno de nuestros representantes se encontrará con usted en ese lugar. Tenga por seguro que su vida cambiará radicalmente si usted acepta esta invitación. No deje pasar una oportunidad como ésta. Parte de la sorpresa podrá encontrarla en el resto de la carta, por eso le suplicamos no abrir la hoja anexa hasta el momento de la fecha acordada, ése será su pase para recibir el gran premio que le ha estado esperando.

Tenga buen día,

hasta entonces.


No tenía idea de quién la había escrito, pero lo que era seguro es que esa persona tenía el talento nato de persuadir a la gente, hasta llegar al grado de haberme causado una curiosidad irremediable.

Desde ese día no he podido dormir, estoy impaciente, no puedo imaginar qué sorpresas me traerá el haber seguido al destino en su juego.

Y estoy aquí, sentado en el café del centro, en la última mesa que da con la ventana, a poco más de un par de minutos de la hora acordada.

Me he adelantado en pedir un café, después de todo, sea quien sea el representante del que hablaba la carta, seguramente lo entenderá; las ansias me matan y no puedo estar tranquilo sin tener un pequeño entretenimiento, una cuchara cafetera y una taza de café bastarán para calmar mis nervios.

La guapa mesera se dirigía a mi mesa con una taza bien decorada sobre una bandeja. Tomó la taza con sus delicadas manos y la asentó frente a mí, justo en ese momento la alarma de mi reloj se encendió, anunciando así las seis en punto. La hora en que, supuestamente, todo cambiaría, la misma hora en que, según la misteriosa carta, estando en el café justo en la última mesa al lado de la ventana mi vida cambiaría para siempre. Mi corazón se aceleró, volteé inmediatamente a la puerta, intrigado, desesperado, con un mal presentimiento que asechaba en todo mi ser.

Un amargo sabor empalagó mi boca, la sangre se escapó de mi cuerpo y un sudor frío recorría mi frente. La atmósfera se había tornado completamente opuesta, lo que hasta hace un momento había sido agradable tomaba en mi imaginación un aspecto siniestro.

Sinceramente aquél café de pronto daba un aire para morir.

Repentinamente sentí una fuerte presión en mi corazón, la respiración se volvía complicada, gotas de sangre comenzaron a brotar de mi pecho, estaba impactado, nadie parecía darse cuenta de lo que me estaba ocurriendo. Deseaba tanto pedir ayuda, pero me era imposible emitir palabra alguna. Sabía que era mi despedida, pero no tenía idea de cómo diablos me ocurría tal manifestación, estaba tan impresionado que me había olvidado completamente de la carta. Hasta que caí al suelo agonizante y la maldita carta salió del bolsillo de mi camisa. Era una ironía, el destino estaba mostrándome directamente al culpable, burlándose de mí, presumiendo su victoria sobre un humano ingenuo que lo había subestimado.

Naturalmente tomé el sobre y lo abrí de nuevo como pude, mi vista estaba nublosa, pero antes de morir quería saber la causa de mi muerte. Con mis manos temblorosas encontré al fin aquel papelito anexo que supuestamente me entregaría la última parte de la sorpresa, lo desdoblé apresuradamente y con poca exactitud:


Atte:


LA SANTA MUERTE



En ese momento el silencio se volvió el único ruido, el último latido de mi corazón estaba arrepentido de haber leído tal firma, miré la sala por última vez y vi esos ojos rojos mirándome sin expresión, perdí el control de todo mi cuerpo.


Fin

sábado, 14 de agosto de 2010

Venganza

Era un día nuevo, no sabía cómo empezar, no tenía la seguridad de ser ajeno a las sospechas, aunque no esperaba mucho de su parte. Tenía todo cubierto, lo había planeado con anterioridad y esperaba que todo saliera conforme al plan.
No pasó mucho tiempo cuando obtuve la primera interacción social; provenía de una mujer, que a simple vista parecía compartir mi estatura. Sus ojos claros, color miel, no dejaban de mirarme. Su cabello, al igual claro, expedía un aroma dulcemente agradable, por un momento juraría haber percibido un cambio en la tonalidad de su voz, en el momento en que ella pronunció las siguientes palabras:

-Hola, mucho gusto, soy Emily.

Sí, estaba seguro de que su voz se había tornado blanda y sensible.

-Mucho gusto Emily, mi nombre es Alex.-Correspondí.

Por su puesto que no era así, pero no podía revelarle mi verdadera identidad a una mujer desconocida.

-¿Qué tal?, ¿de dónde eres? -Insistió con mucha curiosidad.

Vengo de un lugar del que seguramente no tendrías idea, niña ingenua, en donde tú solo eres insignificante basura. ¡Oh!, si supieras... pero por supuesto que no te lo diré.

-Soy del extranjero, me mudé hace una semana. Por cierto, es muy bella tu ciudad... -Intenté sonar convincente, aunque parecía que no debía molestarme mucho pues era evidente que esta mujer creería cualquier cosa que le dijera.

-¿Ah que sí? Es precioso el lugar, ¿ya viste la playa? ¡Está increíble!... -Y siguió hablando y hablando de cosas que no me importaban.

Al fin sonó la campana que me libraría de este aburrimiento. Sin despedirme tomé mis cosas y me apresuré en busca del aula que me habían designado. Di unos cuantos pasos apresurados y giré en donde terminaba la segunda fila de casilleros, a fin de encontrarme con la secuencia de salones que comprendían al mío.
Y justo como esperaba, al mirar la lista estaba su nombre escrito, el nombre de aquella única persona por quien yo estaba aquí. Aquella persona que me tenía encerrado en este asqueroso cuerpo humano, cuánto odio le tenía.
Con un pie afuera y otro adentro del salón, me detuve a observar a mis compañeros, hasta que topé con esas piedras azuladas. Aquellos hipnotizantes ojos que me miraron la última vez que morí. Instantáneamente mi corazón palpitó como un rayo.
Aquella energía me atraía hacia sí, llegué al lugar donde ella platicaba entretenidamente con sus vecinas de asiento, hasta estar justo frente a frente. Y aún viéndola cara a cara, ella no se intimidó, aunque todos allí presentes lo hicieron.

-Hola, ¿cómo has estado?, hace mucho que no te veía, creí que te habías ido para siempre. -Dijo embriagantemente como era su voz.

Así es, ella tenía un actractivo inhumano, un cuerpo esculpido por los ángeles y un rostro confundible entre la porcelana. Sus rizos dorados y el rubor de sus mejillas completaban el juego. Realmente parecía una muñeca.
Pero era evidente que no caería en el mismo hechizo que me había enviado al infierno.
Estaba dispuesto y decidido a cobrar venganza, más no quería hacer una escena más grande de lo que ya era, simplemente no quería involucrar a nadie más.
La tomé del hombro, la miré a los ojos y le dije:

-Tenemos que hablar.

Y sus pupilas se dilataron mostrando asombro, y dejando ver el girasol dorado que les rodeaba.
El corazón se me partió y mis ojos rompieron en llanto. Aquellos ojos me hicieron recordar cuánto amor había podido darle a esa criatura, y naturalmente el llanto que me había originado la conmoción se transformó en un inimaginable odio.
Estaba siendo consumido por el dolor más grande del que nunca pude deshacerme. El mundo entero caía sobre mí.
La gente nos miraba clavada desde que había cruzado la puerta. Pero no pude contenerme.
La empujé a la mesa y me lancé a sus labios en un salvaje beso, obligándola a reclinarse sobre ella, sujeté sus brazos de modo que no pudiera zafarse, la besaba intensamente y mientras yo me hacía fuerte ella se debilitaba.
Me pareció que intentaban detenerme, y aún si hubiera sido así ya era demasiado tarde, me había robado la fuerza vital de aquél divino cuerpo que se había servido de mi alma.
Definitivamente había sido el monstruo más bello que había visto jamás.
Pero tenía que hacerle pagar las consecuencias de haber cambiado el alma que un hombre le había obsequiado bajo los hechizos de su encanto, por el equivalente a los años de vida y juventud carnal del que esa alma tenía derecho.
Y aunque me llevé su alma, yo tenía que regresar a donde pertenecía, pues la mía había cambiado de dueño desde hacía un siglo.
Y pronto me convertí en un cuervo y regresé más satisfecho que nunca a las profundidades del infierno.

Fin

viernes, 13 de agosto de 2010

Vamos a Imaginar

¡Hey! amigo, vamos a imaginar,
déjame hablarte como a un niño,
verás que te vas a encantar.
Ven pequeño, adéntrate a ese bosque
y cuando estés tan cerca
dime qué es lo que oyes.

Recuéstate bajo la sombra de ese árbol,
permítele a tu cuerpo descansar,
cierra los ojos y enfócate en respirar,
¿puedes oler el aroma de las flores?
Muy bien pequeño, ahora olvida todo el malestar,
¡mira cuantos miles de colores!

Siente el pasto fresco bajo tu espalda
y cómo las gotas de la cascada
salpican suavemente tu cara...
Y mira cómo te hace relajar,
estás recostado sobre el tiempo,
sólo te falta sentir la brisa del viento.

Descansa pequeño, te lo mereces,
sé que ahora estás listo,
los límites del cuerpo vas traspasar.
El sonido es tan bello que te hace volar,
en todo el silencio sólo escuchas
a la naturaleza cantar.

Y sientes tanta vida que te es imposible
durar despierto un poco más,
apartarte de este sueño irresistible
de estar unido en armonía,
en la misma sintonía
que transmite la paz.

Y te sientes tan ligero
que pareces flotar
dejando el cuerpo atrás.
Aléjate, camina por el cielo
y no vuelvas a bajar
ahora que estás allá.


Tu corazón está calmado
pero estás mas vivo que nunca,
no te cuesta esfuerzo respirar,
sientes todos tus sentidos
relajados, satisfechos, bien dormidos,
no pareces ser humano ya.

No despiertes pequeño
hasta que a tu cuerpo no le quepa
ni un poquito más de paz.
Olvida todo el vicio, todo estrés,
ahora entiendes que
tú no necesitas sufrir más.