domingo, 1 de febrero de 2015

El mundo de los Gigantes

En algún lugar desorbitado de nuestra galaxia, existía un mundo tan pequeñito que era conocido como “El Mundo de los Gigantes”. Y tal vez te parezca irónico, pero los habitantes del planeta, llamados “Los Gigantes”, no eran más altos que nosotros; es más, algunos de ellos podían llegar a medir unos 30 centímetros. Pero todos ellos tenían la capacidad, como alguna especie de sexto sentido, de percibir el interior de los Gigantes.
Uno de ellos, bautizado a sí mismo como “Sol de Día” -pues cada uno al adquirir cierta madurez podía elegir su propio nombre según lo que más llenara su espíritu-, de 31 centímetros de estatura, era el Gigante más atractivo del planeta. Y todas las chicas Gigantes se volvían locas por él, pero a él no le interesaba ninguna otra que no fuera su amada “Brillo de Luna”.
Y cuando Sol de Día hacía su caminata matutina por el jardín, las Gigantes al verlo pasar murmuraban: -¡Mira cuán radiante está Sol de Día!, ¡qué suerte tiene su esposa Brillo de Luna!- Al escuchar esto, “Oscuridad”, el Gigante más pequeñito de todos, pero el más alto de estatura (de 1.60 metros), se llenaba de rabia y envidia preguntándose por qué un gigante tan pequeñito podía ser más amado que él. Y entonces arrancaba las flores y pateaba el pasto con fuerza.
Tal vez era lógico que Oscuridad no entendiera por qué un “enano” –según él le llamaba- pudiera ser más apreciado y exitoso, siendo que él era más alto y más inteligente, y hasta sus facciones eran mucho más finas. Sin embargo, cuando las Gigantes lo veían no hacían más que voltearse con desprecio y repulsión.
Un día, la gran noticia llegó a oídos de Oscuridad: El matrimonio de Sol de Día y Brillo de Luna había sido bendecido con un embarazo. Entonces, Oscuridad destruyó todo a su alrededor, maldiciendo la vida de su enemigo. Pero al entrar en calma, Oscuridad pensó en la oportunidad perfecta de su venganza: tomaría y mataría al bebé, destruyendo así la ilusión de Sol de Día.
El tiempo pasó y todos esperaban con ansias el nacimiento del primerizo de la feliz pareja, hasta que llegó el día en que por fin, Brillo de Luna dio a luz a una hermosa hija, que fue llamada “Luz que Ilumina nuestras Vidas”. Y Oscuridad no perdió el tiempo en apartar la sonrisa de sus rostros arrebatándoles lo más preciado que tenían: Esperó la misma noche hasta que todos estuvieran dormidos y se inmiscuyó en el hogar de la familia, llevándose en silencio a la bebé. Y corrió tan lejos donde nadie lo pudiera encontrar, hasta que por fin pudo acostarse y descansar.
A la mañana siguiente, un llanto despertó a Oscuridad, recordándole lo que debía terminar. Tomó el cuchillo que guardaba en su mochila especialmente con el propósito de efectuar su atrocidad y lo alzó justo sobre la pequeña Gigante, infló su pecho con una gran bocanada de aire y la miró decidido a completar su misión, pero entonces una pequeña sonrisa y unos ojos tiernos tocaron su corazón, y Oscuridad no se atrevió a cometer su fechoría.
Esa mañana fue tan sólo de llanto y lágrimas para la familia de Sol de Día, mientras que para Oscuridad fue escenario de una extraña confusión. No tuvo más que llevar consigo a su hogar a la bebé y pensar qué podía hacer. Pero esos pensamientos se convirtieron en años, y de pronto ya tenía consigo a una preciosa niña de 10 años, que gustosamente lo llamaba: “papá”. Fue en ese preciso cumpleaños, que Oscuridad se dio cuenta de que habían pasado varios años sin concluir su plan. Recordó cuál era su propósito en aquél entonces, e inmediatamente corrió a ver a quien sentía su propia hija. Y al mirarla dormida, tan frágil, su corazón no pudo más y cayó desmayado. Y cuando despertó, lo miraban los mismos ojos que aquella vez lo detuvieron de cometer el más grave error, pero esta vez ellos eran los que mostraban compasión por él. Y por primera vez, Oscuridad sentía algo más fuerte que el odio, sentía una “Luz que Iluminaba su Vida”.

Entonces, Oscuridad fue al pueblo en busca de los padres biológicos de su hija, pero al llegar descubrió que Sol de Día y Brillo de Noche se habían convertido en sus propios nombres, y Oscuridad entendió que Luz que Ilumina nuestras Vidas era su única responsabilidad. Aunque estaba arrepentido por haber hecho tanto daño, Oscuridad sintió alivio de saber que podría conservar a aquella Gigante que le había mostrado un nuevo sentimiento.  Y fue en ese momento, cuando amó por primera vez, que Oscuridad cambió su nombre a “Lo que Amo es lo que Llena mi Espíritu”, y se convirtió en un verdadero gigante.