miércoles, 18 de agosto de 2010

El Cuento Azul

Recién abría los ojos cuando vi ese enorme muro azul, me pareció tan extraño, examiné visualmente la habitación; persianas azules, un buró y un guardarropa del mismo color, todo a mi alrededor era misteriosamente azul.



Aunque era una situación inusual, el inmenso cansancio que cargaba no me permitió preocuparme. Ignorando el llamativo color aparté la colcha de mi cuerpo y me deslicé hasta el borde de la cama, inhalé profundamente y estiré mis brazos adormecidos; inconscientemente me disponía a tallarme los ojos con la esperanza de despejarme un poco, cuando en un segundo mi estado de semidormida cambió totalmente a un estado de intriga y suspenso. Al aproximar mis manos hacia mis ojos me llevé la sorpresa de ver que no solo éstas, sino todo el resto de mi cuerpo se había vuelto azul.



Desesperadamente corrí al espejo, irónicamente, el único objeto en todo el cuarto que no era azul. En tan solo tres apresurados pasos ya estaba frente a éste. No puedo describir lo que sentí al ver todo lo que el espejo reflejaba de color natural. Estaba en la prisión azul, en otra dimensión o incluso quizá del otro lado del espejo. ¡¿Qué más podía pensar?! Físicamente todo era azul, ¡incluso yo!, pero en el espejo todo se veía normal. ¿Qué estaba ocurriendo?

No podía ser verdad, no cabía en mi mente por qué clase de fenómeno había podido ocurrir tal espectáculo. Me recargué en la puerta (azul también) a pesar de tener la cama desocupada, simplemente no pensaba en nada, estaba frustrada, atrapada en un lugar desconocido.



Tenía miedo de girar la perilla, no sabía qué habría detrás de la puerta, me aterrorizaba averiguarlo, no podría soportar ver más del mismo color, o cualquier otro color, simplemente no quería verlo todo con un solo tinte.



Pasaron varias interminables horas y el color me estaba sacando de quicio, tenía la cabeza revuelta, me puse de pie y me propuse mirar de nuevo al espejo. Tenía que tomar fuerzas, pues no solo no había más colores, tampoco había comida ni nada de beber. Lo miré, miré mi añorado mundo, lo quería de vuelta, tenía que salir de ahí a como diera lugar, no importaba si todo era de un solo color afuera también, cualquier cosa sería mejor que seguir viendo lo mismo.



Así que me preparé mentalmente por un breve momento, respiré hondo, tomé la manija y...

"Oh vaya, no puedo creerlo, está cerrado". De haberlo sabido antes... de haberlo sabido antes me habría resignado a esperar el día de mi muerte. Estoy decepcionada, desalentada, una capa de lágrimas cubre mi retina y mi garganta se contrae, no quiero llorar pero es que, no tengo idea de cómo llegué aquí, mucho menos pienso que haya alguna esperanza de salir.



Y aunque trataba de evitarlo, terminé rindiéndome ante mi inevitable deseo de llorar, me lancé a la cama boca abajo hundiendo mi cara en la almohada. Lloré y lloré el resto del día hasta que oscureció. Comenzaba a odiar ese color, la noche le daba un efecto más sombrío y dramático, veía en el color sentimientos de soledad, tristeza, rechazo... y todos ellos me invadían el corazón también.



Eso me dio una idea, un impulso me sacudió el ánimo y formó en mi rostro una sonrisa malévola. Mi mente se había hecho perversa por la locura, y lo que estaba a punto de hacer era igualmente loco y perverso.



Me levanté de un salto y corrí hacia el buró, abrí los cajones bruscamente y desacomodé las cosas azules que había dentro tratando de encontrar lo que buscaba. ¡Voila! Tomé las tijeras con la mano temblorosa, estaba convenciéndome de hacer una tontería, aunque seguramente sería la tontería más astuta que alguien podría haber hecho en mi lugar.



Tenía que ver algo que no fuera azul, no lo pensé más, puse el filo de las tijeras sobre mi muñeca, mi corazón estaba latiendo demasiado, sentía el rebote de su palpitar por todo mi cuerpo, la temperatura subió dentro de mi, expedía una ligera onda de calor debido a mis nervios, y a pesar de todo estaba tan ansiosa, no podía esperar a ver que el rojo corriera de mis venas. No le di más vueltas, encajé el metal dentro de mi piel y me abrí la vena.



Y todo el dolor del mundo del pecado se cayó sobre mí cuando la sangre azul salía por montones de mi muñeca. Irónicamente quería morirme. Ya no era yo, no sé dónde había quedado mi humanidad, no sé en qué me había convertido en ese instante del tiempo en que mi cerebro captó el color de mi sangre.



Por última vez fui al espejo, mis palabras y mis pensamientos se congelaron al ver la sangre roja brotando de mi muñeca en el reflejo de éste; me desgarré por dentro, experimenté un inalcanzable grado de locura, golpeé el espejo hasta romperlo, no me importaba el dolor de los cristales de vidrio encajándose en mis brazos, perdí la fuerza y, finalmente caí en los vidrios cubiertos de sangre roja flotando en mi charco de sangre azul.



Fin

2 comentarios:

  1. cada vez m sorprende mas tu hermoso talento lizy
    :D
    espero y pronto subas otro blog jeje m encantan (L)*.*
    sige asi lizy!! mucha suerte (K)

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  2. Magistral!!! Tienes el TOQUE ! Felicitaciones!

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