Un día me miré al espejo
y pude ver en mi reflejo
que mis ojos se aclaraban
mientras mi alma despertaba.
Tomaban el color
de la naturaleza;
se apreciaba en ellos
mi amor por la belleza.
Se volvieron ventanas
que asomaban al cielo,
porque en sus miradas
se mostraban luceros.
Pero hoy en día
queda poco de eso
y me temo que,
conforme envejezco,
se agote mi esperanza,
se esfume mi fe,
y se ausente el color
que da vida a mi ser.
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