Estaba sola en la oscuridad, acurrucada en la esquina del cuarto, las cortinas dejaban pasar apenas una franja de la blanca luz de la luna. Posaba mi mirada en ese reflejo sobre el piso, mientras absorta en mis pensamientos ignoraba mis sentidos.
Era una noche de tristeza, y por más que quisiera, no podía, no había forma de cambiarla; y a pesar de que todos estuviesen en casa, me sentía gravemente desolada. Sabía que mi corazón lloraba, pero desconocía la causa; sencillamente aquellos sentimientos me atravesaban tan fácil y elocuentemente. Y la lluvia se hacía notar rociando sus gotas sobre mi ventana, indecisa de mostrarse absoluta y poderosa, como suele serlo; mas parecía que ya éramos dos en la misma situación. Pero en pocos segundos ésta decidió actuar primero, evadiendo de mi mente la imaginación y haciéndome recordar el entumecimiento de mi cuerpo, que había estado posado en la misma posición durante bastantes minutos.
Pasé de pensarlo todo a no pensar en nada, mientras dejaba que la hipnotizadora lluvia me mantuviese en blanco, mirándole y relajándome en la oscuridad. La noche comenzaba a parecerme tranquilizadora, su ausencia de luz combinaba perfectamente con mis penas. no tenía que mostrarle mi rostro, jamás me vería; era la única capaz de hacerme sentir dichosa de ser la víctima del desconsuelo.
Pasé la mitad de esa noche en vela, y el resto de ella dormí como nunca. Y al despertar el siguiente día por la mañana, el sol me mandó a recoger el alma que había olvidado en la oscuridad.
Es hermoso !!!
ResponderEliminarSí que lo es :)
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