Los
nervios me llenan de punta a punta, como si estuviese escondiendo algo. La
verdad es que lo único que se esconde entre mis venas y me hiela es el conjunto
de mariposas que simbolizan los síntomas de mi enamoramiento.
Dentro
de mi pecho se agita algo muy intenso que hace hormiguear cada rincón de mi
sangre. El tiempo no está de mi lado, y hace más lento cada instante. Me
pregunto si él estará sintiendo lo mismo.
Ya
no importa más, siento que revelo a todo el mundo, sin hablar siquiera, mis
ansias de que aparezca.
Necesito
recordarme a mí misma que por más veces que voltee a ver el reloj, el
transcurso del tiempo no cambiará. He de parecer una torpe ahora que mis
reflejos me fallan por habérselos agotado la impaciencia.
Miro
a cada lado, con el temor de mostrarme en ese estado ante sus ojos sin yo
saberlo. Y ahora finjo serenidad, quiero hacer creer que en estos momentos
estoy tan pasiva como si sólo estuviese esperando un camión con toda calma y
sin prisa.
Eso
no es cierto, se destruye mi interior con un bombardeo de emociones. No
importan ni el hambre, ni el dolor, ni la sed que pudiera sentir ahora. ¡Hay
tantas voces en mi cabeza gritándome que no alce la mirada! Eso es porque temo
al mirar el entorno notar que tú no estás. ¡Ay!, ¡pobre alma la mía! Mientras
tú has de avanzar calmado y seguro, ¡yo espero que el mundo me devore!
Y yo
prometo no volver a echar vistazo, y juro que aunque destroce el lápiz con que
escribo temblorosa, ni de broma marcaré las teclas que me dan acceso a tu voz.
Fuerza de voluntad es lo que necesito ahora para conservar mi dignidad.
Calma,
resiste, no mires; ya llegará… Y en el silencio se fundió mi tormento, cuando
él apareció.
No hay comentarios:
Publicar un comentario