martes, 6 de agosto de 2013

Musa

De esa mujer que vive en mi pensamientos,
y que de noche se convierte en mis sueños;
ella que me tiene encantada, hechizada...
como si a ella mi corazón le entregara,
como si mis latidos le pertenecieran
y los demás pensamientos se fueran.

Mantengo su imagen en mis recuerdos
y con ellos la ilusión de hacerla mía.
¿Qué no daría por que llegara ese día?
Si fuera mi alma, o si fuera mi vida,
cualquiera de ellas, seguro lo valdría.

Porque estoy tan loca por sus ojos esmeralda
y me derrito admirando sus sensuales labios
imaginando que algún día tocarían los míos
en un vaivén de roses, sabores y texturas.

Ese instante se tatuaría en mi espíritu
y entonces yo te seguiría hasta el infinito
mendigando cada uno de tus besos,
persiguiendo el aroma de tu cuerpo.

Y es que me deslumbra tu figura
con esas curvas despampanantes
como si fueses una obra de arte,
la más divina y detallada escultura.

¡Oh, amada mía! ¡Si supieras cuánto te deseo!
Es tu voz tan celestial, el himno de mi alma;
tu piel de porcelana, el centro de mi universo;
y tú, la más hermosa, la musa de mis versos.

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