De esa
mujer que vive en mi pensamientos,
y
que de noche se convierte en mis sueños;
ella
que me tiene encantada, hechizada...
como
si a ella mi corazón le entregara,
como
si mis latidos le pertenecieran
y
los demás pensamientos se fueran.
Mantengo
su imagen en mis recuerdos
y con
ellos la ilusión de hacerla mía.
¿Qué
no daría por que llegara ese día?
Si
fuera mi alma, o si fuera mi vida,
cualquiera
de ellas, seguro lo valdría.
Porque
estoy tan loca por sus ojos esmeralda
y me
derrito admirando sus sensuales labios
imaginando
que algún día tocarían los míos
en
un vaivén de roses, sabores y texturas.
Ese
instante se tatuaría en mi espíritu
y
entonces yo te seguiría hasta el infinito
mendigando
cada uno de tus besos,
persiguiendo
el aroma de tu cuerpo.
Y es
que me deslumbra tu figura
con
esas curvas despampanantes
como
si fueses una obra de arte,
la
más divina y detallada escultura.
¡Oh,
amada mía! ¡Si supieras cuánto te deseo!
Es
tu voz tan celestial, el himno de mi alma;
tu
piel de porcelana, el centro de mi universo;
y
tú, la más hermosa, la musa de mis versos.
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