Tenemos que sentir para ser poetas.
No podemos desistir a un atardecer incandescente, ni a una noche luminosa en la que las estrellas cantan sus destellos, pues la música del silencio es la más hermosa.
No podemos ignorar la existencia de lo invisible.
No podemos estar tranquilos esperando a que el tiempo exista.
La realidad fantasiosa es la que vivimos, y corremos de noche persiguiendo la luna, e intentando de día alcanzar el arcoíris.
Y es inevitable que gocemos del infinito sueño del que surgimos, preguntándonos si la mente bastaría para capturar una escena del mundo.
Y no descansaremos hasta el día en que el paraíso sea escrito a lápiz y papel, y la melodía del cielo sea tocada por acordes de instrumentos musicales, cuando la unión del universo sea por fin plasmada en un dibujo; sólo entonces, los artistas moriremos.
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