Hola, mis queridos amigos, quisiera poder decirles: "Tengan ustedes un buen día". Pero no me es concebible, no son buenos días, ya no lo son, eso se acabó hace algún tiempo.
No creo volver a sonreír después de lo que sucedió; no es posible que haya perdido a tanta gente, no lo asemejo, aún no puedo aceptarlo.
Por culpa del gobierno perdí a mis niños, a mi esposa que tanto amaba y a todos mis amigos, y nadie se apiadó de ellos; la obsesión por crecer terminó destruyendo lo más importante, un hombre no debería intentar crear algo a base de destruir lo que ya está hecho.
Lo perdí todo, ya no me queda nada, adiós a mi pueblo, a mis tradiciones y a mi familia, todo se lo ha llevado el agua.
Estoy triste... triste de ver estos árboles destruidos, triste de recordar la mirada de nostalgia que mostraban los ojos estancados en lágrimas de mi querida vecina, mientras hincada en el suelo oraba a Dios implorando la salvación, tomando la mano de su amado esposo.
Las tardes... ya no son bellas, sólo está el agua cubriéndolo todo, las casas, los cadáveres... la vida humana desertó este terreno, la presa se llevó consigo lo más valioso que teníamos.
Pasaban los días, el gobierno intentaba convencernos de que sería lo mejor, una presa fue construida en nuestro hogar en contra de nuestra voluntad, yo no me marché. Nos ofrecieron la oportunidad de trasladarnos a otro lugar no muy lejos de ahí, pero creo que todos cargábamos con el mismo sentimiento. ¿Sabes lo que significa para un hombre abandonar la tierra en donde construyó todo lo que amó en la vida? En este pueblo nacieron mis hijos, en este pueblo conocí a mi esposa, en este pueblo el recuerdo de mis padres yace dentro de una tumba, en este pueblo... toda mi gloria velaba por mí.
Prometí que jamás dejaría mi tierra, sin importar lo que pasara, así que ignoré las estremecedoras palabras de la autoridad diciéndome que abandonara lo que soy, a lo que pertenezco. Yo... no puedo abandonar a mi pueblo, no lo he hecho y no lo haré jamás, nigún trueno ni niguna tormenta acabarán con mis sueños, ni siquiera una presa en riesgo de desbordarse lo hará. "Yo creeré firmemente en mis ideales, nadie podrá robarme lo que me pertenece"; pensé, pero la irreverente decisión del destino me arrancó las palabras de la boca.
Día a día el agua ascendía, ahora las plantas de los pies de los niños descalzos, chapoteando felizmente sobre el suelo empapado, eran la fuente del más grande remordimiento que pude haber tenido en toda mi vida, pues significaba que poco a poco no serían solamente los pies lo que el agua rebasaría. Tenía miedo, no quería imaginarlos a ellos llorando por tener que irse; lo que el gobierno no entendía era que el valor de las casas para nosotros era algo más que económico, algo que no se puede reemplazar con unos cuantos billetes, ¡era toda una vida!
Pero al final, tuvo que pasar, éramos aún bastantes los que seguíamos viviendo en el pueblo cuando sucedió, ahora me es inevitable pensar que en la vida la injusticia predomina. La presa se derribó, la gente corría con la esperanza de ser lo suficientemente rápida para escapar. Sobre un tronco me aferré con todas mis fuerzas, mientras el llanto nublaba mi vista, y los estruendosos latidos de desesperación destruían todo mi interior; no pude contener el inmenso dolor al ver a mi hijo soltarse de la pequeña tabla que lo mantenía a flote, el ardor en mi pecho se extendió por todo mi cuerpo, nunca nada volvería a ser lo mismo después de mirar todo lo que amaba destruirse en pedazos. El dolor acabó con mis ganas de sobrevivir, ya no tenía nada, no quería seguir, se terminaron mis fuerzas y mi coraje, y una fuerte ola me derribó del tronco que me sostenía; el agua me atrapó impidiéndome respirar y, después de un par de minutos, por fin, me di cuenta de que había muerto.
Las sonrisas de los niños desaparecieron junto con ellos, la presa les costó unos cuantos dólares, quizá algunas demandas, pero a nosotros nos costó la vida entera.
Y heme aquí, parado en el mismo lugar donde mi cuerpo se desvaneció, contemplando con mis nuevos ojos lo que alguna vez lo fue todo para mí; y quizá me haga el error de suponer que algún día volverá a mí lo que en un tiempo me perteneció, pero, por ahora, no me arrepiento de no haber dejado mi tesoro más valioso, por que hoy, tengo el valor de decir que nadie logró vencerme.
Les habla el alma de una persona que ha vuelto y volverá a renacer, ahora en el cuerpo de un árbol.
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