Caminaba sin equipaje y sin rumbo,
simplemente pensando en el mundo;
sin entornos ni rangos,
al camino tomándole el mando.
Ignoraba a la gente pasar,
me bastaba con imaginar
que nadie irrumpía mis pensamientos
en la marcha sin rumbo de mis lamentos.
Sólo había dudas
bajo ese techo de estrellas,
y esa intensa luna
exaltaba mis penas;
y mi corazón comenzaba
a latir tan fuerte,
que, mucho más que vivir,
deseaba la muerte.
Se desbordaba en mi llanto
un río de profunda tristeza,
cuando le escuché hablarme
con tanta sutileza.
Una voz dulce y tierna
despertaba en mi alma,
cantando espléndidamente,
devolviéndome la calma.
Cuánta magia venía tan de pronto,
abrazándome como un oso,
envolviendo en sus garras mi corazón,
rescatando a un hombre de su propio dolor.
Tomó mi vida y ahora sí que vivo,
y soy tan libre como un suspiro;
y es que gracias al ángel que me mató,
ahora puedo al mundo decirle adiós.
Y el hombre se desvaneció,
y con una sonrisa en su rostro,
se despidió de su más grande locura:
Del día en que se enamoró.
(Y) Ok... ok xD me gusto.
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