jueves, 21 de octubre de 2010
Suicidio
La lluvia le vendría bien a mis lágrimas,
pues aunque es inevitable que nazcan,
confío en que algunas gotas
podrían cuando menos disimularlas.
El sol ya no espera mi sonrisa,
se cansó de hacerlo
desde que mi afecto dejó de quererlo,
y es por eso que no brilla.
La naturaleza me ha vuelto una más de sus hojas,
ya no ve esa flor en mi ser,
y no ha vuelto a regarme
desde que mi corazón cambió de parecer.
El reflejo del agua se ve nauseabundo
cuando muestra mi imagen al atardecer,
me ha dicho que a través de sus cristales
ya no me permitirá ver.
Y la luna recarga la mirada en su desprecio,
no parece que perdone a un corazón tan desdichado;
me dice que no intente sobornarla,
que el consuelo de su amor no tiene precio.
Y yo vuelvo a ser un fantasma,
pálido como el color invisible,
sintiendo en el pecho
una sensación indescriptible.
La desgracia me persigue,
el futuro me cohíbe,
el pasado me reclama
y el presente claramente no me ama.
El mundo no tiene un lugar donde diga mi nombre;
ningún guijarro, ningún árbol, ningún hombre.
Me había borrado de su historia,
ahora me ve como una escoria.
Finalmente solo escucho en mi mente
un único consejo que me advierte:
"Si crees que algo te destruye,
no lo enfrentes, mejor huye".
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Difiero...
ResponderEliminarEstás leyendo la perspectiva de un supuesto cobarde y desesperanzado. Creo que esa sería tu razón para diferir.
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